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Científicos están cada vez más cerca de desextinguir al Mamut

Científicos están cada vez más cerca de desextinguir al Mamut

La ciencia ficción se hace realidad con la compañía estadounidense Colossal Laboratories & Biosciences, quien ha lanzado un proyecto para “desextinguir” el mamut lanudo en cuestión de unos años. Este empeño plantea un dilema interesante: si finalmente lo logra, la criatura resultante de sus investigaciones, ¿será suya, con patente, o de la naturaleza?

En términos generales, los planes de Colossal pasan por usar secuencias del ADN de mamuts recuperadas de restos conservados en el suelo siberiano e insertarlas en el genoma de elefantes asiáticos. Los primeros ejemplares nacerían de hecho por gestación en hembras del paquidermo.

Aunque a la hora de publicitar su trabajo la compañía usa buenas dosis de épica, lo que saldría de sus laboratorios no sería técnicamente un mamut lanudo como los que se paseaban por el sur de Siberia hasta hace unos 10.000 años, sino algo distinto, una especie de híbrido o quimera.

“No es una desextinción. Nunca más habrá mamuts en la Tierra. Si funciona, será un elefante quimérico, un organismo totalmente nuevo, sintético y genéticamente modificado”, explicaba Tori Herridge, bióloga y paleontóloga del Museo de Historia Natural de Londres, poco después de que trascendiesen los planes y —la financiación— de la compañía estadounidense. La propia Colossal reconoce en su web que el proyecto tiene sus matices, aunque no le resta épica.

La empresa argumenta que la recuperación del mamut —o al menos de criaturas con características similares— tendrá un valioso impacto medioambiental: permitirá restablecer pastizales y desacelerar el deshielo del permafrost ártico, lo que evitaría a su vez, calcula la firma, la liberación de hasta 600 millones de toneladas de carbono neto que ahora están atrapadas. Como parte de ese propósito se ha fijado ya en un espacio para sus “mamuts funcionales”: Pleistocene Park, una reserva rusa.

Para lograrlo, Colossal parece disponer de medios técnicos, talento y fondos. La compañía estadounidense trabaja con la ingeniería genética CRISPR y muestras de ADN recuperadas del permafrost. Su cofundador es además George Church, un genetista de Harvard. En cuanto a dinero, en 2021 presumía de haber captado 15 millones de dólares, si bien su financiación total, a lo largo de los años, sería bastante superior. La compañía ha llegado a asegurar que su meta pasa por «revivir» a los mamuts antes de que termine la década y hace poco ya dio pie a una spin-out: Form Bio.

Colossal trabaja ya para alcanzar su objetivo a lo largo de los próximos seis años. La pregunta del millón, llegados a este punto, es: ¿Dónde está la rentabilidad de su proyecto? ¿Cómo se ha hecho con esos 15 millones de dólares, más allá de sus promesas ecológicas?

Ben Lamm, director general de la compañía, explicaba el año pasado a Wired que más que una fuente de ingresos, el proyecto de Colossal busca crear un impacto positivo en el mundo. El objetivo es devolver la vida a una especie extinta y restaurar un ecosistema que ha sido dañado por la acción del hombre. Además, la tecnología y los conocimientos adquiridos durante el proceso de desextinción podrían aplicarse en otros campos, como la medicina regenerativa.

Aunque el proyecto de Colossal plantea muchas incógnitas y desafíos éticos, sin duda es un paso hacia el futuro de la biotecnología. La desextinción de especies no es una tarea fácil, y hay muchos obstáculos técnicos y legales que superar. Pero la empresa estadounidense está trabajando arduamente para hacer realidad este sueño, y si lo logra, podría tener un impacto significativo en el mundo de la ciencia y la conservación.

En conclusión, el proyecto de Colossal Laboratories & Biosciences para desextinguir al mamut lanudo es una empresa fascinante, aunque llena de incertidumbres y desafíos. Si bien el resultado final no será un mamut en el sentido estricto de la palabra, el esfuerzo de la compañía podría tener un impacto positivo en la conservación de especies extintas y la restauración de ecosistemas dañados. Pero, sin duda, también abre un debate sobre los límites éticos y legales de la manipulación genética y la propiedad de la vida.

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